“El revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución” Hannah Arendt

En nuestra sociedad actual en la que si no recibimos likes ni comentarios cambiamos rápidamente de contenido porque pensamos que algo estaremos haciendo mal; instrumentalmente racionalizada, en la que todo tiene que tener un beneficio y/o una utilidad y en la que se nos anima a cambiar el mundo a través del consumo, afirmando que comprar es equivalente a votar…¿Queda margen para ser rebeldes y transgresores? O en cambio ¿Hemos llegado a un  punto en el que todo acto de rebeldía se lleva a cabo para formar parte de la norma social y lograr aceptación? 

Desde la expansión de las redes sociales y particularmente desde el movimiento Me too, la sociedad está viendo cómo lo que era la lucha de unos pocos ha pasado a ser la norma de todos. Progresivamente estamos institucionalizando luchar contra el racismo, la homofobia o a favor del ecologismo o el feminismo. Temas que formaban parte de la contracultura en la España de los 70 y 80 e incluso 90: 

Temas que en su momento eran alternativos, pero que a día de hoy se han vuelto mainstream. Así, apunta Manuel Moreno, «asuntos como la ecología o el feminismo, pero también personajes como David Bowie o grupos como Velvet Underground, aparecen ahora en todos los medios y nadie se sorprende”.

Madrid, 2020

Si por algo se caracteriza la contracultura es por la autenticidad de los valores y principios que forjan su aparición. Son grupos, colectivos, tribus de resistencia y de rebeldía que logran diferenciarse con éxito de la masa dominante y evitan caer en la hipocresía e intentando que sus actos se correspondan con aquello que defienden. Esto la convierte en un territorio a explorar por las marcas –sobre todo en categorías maduras como la automoción, la moda o los perfumes– en tanto que representan un discurso sobre todo creíble y aspiracional para nuevas generaciones que se encuentran en proceso de construcción de identidad y en busca de vehículos de autoexpresión. Por lo que su conquista a través del mainstrem y el consumo no es nada nuevo:

‘Nike shoes are sold to the accompaniment of words delivered by William S. Burroughs and songs by The Beatles, Iggy Pop, and Gil Scott Heron («the revolution will not be televised»); […] the products of Apple, IBM, and Microsoft are touted as devices of liberation; and advertising across the product category sprectrum calls upon consumers to break rules and find themselves’ 

Frank, 1997

La paradoja es que cuando una marca se apropia de la contracultura, ésta pierde su razón de ser. La contracultura debe subvertir la norma, transgredir el discurso y la realidad social en la que surge y esto es incompatible con un objetivo comercial. Ya sabemos que cuando el movimiento hippie pasó a ser un producto de comunicación de masas, murió. Y los propios hippies se encargaron de ‘enterrar’ su propia contracultura a través de un funeral simbólico:

‘Death of Hippie was a mock funeral staged on October 6, 1967 meant to signal the end of the Summer of Love. Organized by the Diggers to convince the media to stop covering the Haight, attendees burned underground newspapers and hippie clothing. Leaders carried a coffin down Haight Street and the crowd stopped for a “kneel-in” at the corner of Haight and Ashbury. Through this performance, the Diggers sought to end the commercialization of the hippie lifestyle and the main stream appropriation of their social experiment’

Love on haight: The Grateful death and San Francisco 1967. 2014. Digital Exhibition from  University of California.

Algunos autores aseguran que no es que la contracultura deje de ser contracultura cuando el mainstream la aborda, sino que las corporaciones juegan a fakear la contracultura, a producir una copia falsa para atraer a nuevas generaciones  consiguiendo así que aquella deje de tener una influencia tan poderosa. Al fin y al cabo, si puedes ser hipster con sólo comprarte una mochila ¿para qué quieres más? Thomas Frank lo llama co-optation theory (cuando las corporaciones optan por la contracultura):

‘I will call the co-optation theory: faith in the revolutionary potential of «authentic» counterculture combined with the notion that business mimics and mass-produces fake counterculture in order to cash in on a particular demographic and to subvert the great threat that «real» counterculture represents’.

Frank, 1997

Los Hechos 

Como ya hemos mencionado, el fenómeno de la rebeldía venida a mainstream no es nuevo, pero en los últimos años se está dando de manera muy amplia y normalizada. Estamos siendo testigos de hechos sociales en los que vemos elementos centrales, costumbres o signos de lo underground y lo contracultural con una cuota de protagonismo, mayor o menor, en la esfera mainstream. Todos conocemos a alguien que está ‘jugando’ a los Bitcoins, cuando en esencia, el Bitcoin y todo lo que la tecnología blockchain comprende es cyberpunk.

“El desarrollo de Bitcoin fue un gran avance que muchos cyberpunks, incluyéndome, habían soñado desde el principio –siendo el principio alrededor de 1993- y no encontraba la manera de hacerlo realidad, hasta que Satoshi [Nakamoto] dio con la solución”.

Hazlitt, 2016

A Bob Dylan le dieron el premio Nobel de Literatura en 2016. Si Bob Dylan hace literatura o no, hay quien lo discute, pero no es discutible que era un referente contracultural de los 60 y 70

Tendremos que recordar igualmente que la aparición de Dylan el año 62, un poco antes que la de los Beatles y los Rollings, lo que lo hace directamente pionero, es la de un adalid de este movimiento: la llamada “revuelta de los jóvenes”, y que sus primeras canciones pasaron directamente a asentarse como base ideológica de la utopía hippy.

Riba, 2019 

Qué decir del trap y los traperos (o si hacemos la traducción al español, ‘los tramposos’) quienes con su apología de las drogas y el sexo están en lo más alto de la esfera musical. Quizá la prueba más clara de lo mainstream que es el trap es que a la cantante Rosalía se le ha incluido en numerosas ocasiones en dicho género, sin realmente serlo. La cantaora Rocío Márquez dijo en 2019 a propósito de Rosalía que en el flamenco «lo que antes era contracultura» ahora «ha pasado a ser cultura» 

(Europa Press, 2019)

Estas líneas alternativas de las que habla Rocío Márquez también las podemos ver en las Drag Queens que hoy dueñas de Reality Shows como The Drag’s Race de Ru Paul, o en la celebración de la fluidez sexual y la concepción del género como un espectro. La última campaña de Zalando también es un ejemplo.

Pero, a la vez que estamos normalizando lo contracultural estamos viviendo una época de gran conservadurismo, inseguridad y una vuelta a tiempos donde la contracultura no era para nada la norma:

Our current age is one of global unease and uncertainty, with brexit and the 2016 American presidential election heralding the return of the kind of conservative ideology that characterizes other periods of decadence in recent centuries. Conversely, in mainstream popular culture the fashion for androginy, sexual fluidity, and edgy S&M aesthetics in pop music demonstrates that is once again fashionable to be an outsider. Rebellios transgression i en vogue an in Vogue.

Alice Condé 2019

La diferencia de nuestra sociedad de hoy con aquella de los 60,  es que hoy día las claras y robustas fronteras que separaban lo underground y lo contracultural de lo mainstream han desaparecido. Cuando Nike saca a Kaepernick en un spot internacional estamos siendo testigos de un rebelde y contestatario que a los que molesta o agrada no sabemos si son mayoría o minoría. Esto es, lo underground es mainstream y el mainstream es underground. La contracultura es cultura, por lo que no ya no va en contra. 

La explicación desde la sociología de la decadencia

Cuando algo sube es para ocupar el lugar de aquello que baja. El auge de lo contracultural sólo es posible si se produce el declive de su contrapartida. Esto nos lleva a plantearnos si esta asimilación de la rebeldía por parte de la masa es una muestra de que vivamos en una sociedad en decadencia, que vendría a explicar la fuerte polarización de la que sufrimos como sociedad actualmente.

Decía Durkheim que la sociedad es como un sistema funcional similar al de un organismo vivo, donde sus partes se integran para garantizar el rendimiento óptimo del todo. Desde este punto de vista todo cumple una función. Si surge alguna patología social, al igual que ocurre en nuestro organismo, el sistema intentará expulsarla o cuanto menos aislarla para así autoregularse. Según esta teoría, si ahora estamos viendo que ser rebelde es aceptado es porque algo está dejando de funcionar: algo está decayendo (como veremos esto no tiene por qué ser negativo). 

Lo que trataremos de explicar a continuación es cómo se producen las identificaciones de lo que es patológico o decadente. Porque donde unos ven decadencia otros ven progreso.

Según Jeffry K. Sachs, (2019, ‘The Sociology of Decadence’ Literature & Decadence. ed., Jane Desmarais and David Weir. Cambridge University Press), la decadencia es un término muy amplio que puede funcionar como género y donde se podrían enmarcar diferentes elementos culturales. Pero en general, la decadencia supone el declive de un estado de bienestar anterior: ‘Structurally, ‘decline’ presumes the weakening of social well-being relative to an earlier state’.

Jeffry K. Sachs,

El discurso de la decadencia podemos verlo en el pesimismo generalizado acerca del estado social actual, en la nostalgia sobre que un tiempo pasado fue mejor (La campaña de Donald Trump de las presidenciales de 2016 ‘Make America Great Again’ no es más que decir que América ha decaído desde entonces). También lo podemos ver en la aparición de instituciones sociales que se cree que amenazan o contaminan el correcto funcionamiento o la salud de la sociedad. Por ejemplo las críticas al neoliberalismo, a la industrialización o a la posmodernidad. Esto sería lo denominado como ‘formas patológicas decadentes’, que siguiendo a Sachs funcionan como etiquetas con las que nosotros mismos identificamos y damos a conocer las patologías de nuestros mundos sociales. Cuando hacemos esto estaríamos adoptando un rol decadente.

El motivo por el que las fronteras entre contracultura y cultura popular son hoy tan difusas es porque la gran mayoría de nosotros estamos desempeñando tal rol. Antes, para desempeñar este rol, había que ser un outsider. Los hippies, etiquetaban como decadente la contaminación y el sistema capitalista pero para hacerlo tuvieron que generar la contracultura. Hoy contarían con el apoyo de la ONU. El bitcoin en el 2003 era un producto de un outsider que estaba marcando como decadente el sistema financiero. Hoy tiene el apoyo de Goldman Sachs.

Vemos cómo la decadencia no necesariamente tiene por qué ser algo negativo. Existen ciertas condiciones sociales donde la decadencia aborda una carga positiva. Situaciones donde el mundo acepta y acoge elementos que bajo otras circunstancias serían vistos como patológicos, que sería lo que está ocurriendo en el momento social actual: la rebeldía, la contracultura o lo underground, normalizados. 

La eliminación de fronteras entre el mainstream y la rebeldía también la vemos en la producción artística. Tradicionalmente, esta reivindicación de la decadencia como algo normal, algo positivo o afirmativo, solo ocurría en la producción artística. A muchos artistas se les ‘permitían’ los atributos de la decadencia bajo un mandato creativo. El artista no solo puede hacer uso de las drogas el alcohol y el sexo si no que puede y debe etiquetar las patologías de su sociedad desde su rol de outsider. Desde el arte venía la transgresión. 

“The exceptional classification given to the artist follows from the belief that innate talent situates the artist outside the common social world of being like everyone else; tha is, adherence to normality does not create the exceptionality of the artist; thus normal practices should not be used to constrain the artist”.

Howard Becker Art Worlds (1982) como se citó en Sachs , (2019). 

Pero cuando el artista se sale de su norma y de lo que se espera de él desde su rol decadente, es reclasificado. Es justo lo que le paso Oscar Wilde en la Ingalterra Victoriana: murió considerado un enfermo por su homosexualidad. Sin embargo goza hoy de una gran consideración porque ha sido reclasificado. Tanto es así que en 2011 hubo que poner una pared de cristal para proteger del carmín que los besos de sus fans dejaban en su tumba (Condé, 2019) ¿Por qué? Porque es un ejemplo de autenticidad, al que se considera se sacrificó por la producción artística desde una posición de outsider la cual contribuye a legitimar la identidad contraria al status quo como algo auténtico. Wilde representa hoy el  arquetipo de la moderna celebridad y su vinculación con el mundo queer. un celebrity moderno que une el culto a la personalidad justo en un momento social de celebración de las identidades de género. 

¿Queda hoy lugar para la rebeldía y la transgresión?

Como resumen, debemos tener en cuenta el funcionamiento del rol decadente. Hay un grupo que etiqueta, que a su vez es etiquetado por otro grupo, produciéndose un círculo cultural entre lo marginal y lo mainstream. Pero hay que tener en cuenta que el poder siempre estará del lado del mainstream: lo marginal es lo que se vuelve mainstream pero el mainstream nunca se vuelve marginal (Conté 2019).

Estamos inmersos en ese círculo en el que cada vez más y más gente está marcando como decadente los cimientos que han sostenido la sociedad occidental. Todos nosotros como mayoría hemos ejercido un rol decadente de forma conjunta y nos estamos encargando de decirle al resto que el género, el clima, la igualdad, la libertad sexual…son temas de la cultura, no de la contracultura. 

Las que terminan de cerrar el círculo son las marcas, pues cuando estas adquieren ese rol con fines comerciales están contribuyendo a que la mayoría asimile la contracultura, posicionando a la rebeldía como una aspiración totalmente legítima. 

Esto lo consideramos positivo en tanto que son reafirmaciones de nuestras identidades culturales y puede que sea la primera vez en la historia que desde lo comercial se estén generando nuevos significados político-sociales (Conté, 2019) 

Esto también tiene su contrapartida, puesto que lo que es transgresión o no, se diluye. Actualmente la mayoría de las personas tenemos asumido un rol decadente, lo que hace harto complicado transgredir. Cuando todo el mundo tiene parte de transgresor hemos desprovisto a la producción artística de ese privilegio. Ya que todos podríamos ser artistas o aspirar a serlo (Instagram ha contribuido mucho a ello). Y si cualquiera puede transgredir ya no existe la transgresión, al menos a corto y medio plazo en nuestro horizonte social. Para que pudiéramos hablar de transgresión la sociedad debería estabilizar el status quo, y acordar de nuevo sus normas. Actualmente como hemos visto, no hay norma acordada, por lo que no no ha lugar, a la transgresión pues esta puede venir de cualquier frente.

En este rol decadente cualqueir puede sentirse transgresor. De hecho, estos días se publicaba una entrevista de Pablo Stefanoni, autor del libro “La rebeldía se volvió de derechas”, quien asegura que los jóvenes europeos siente el conservadurismo y la ideología liberal como algo transgresor y cool.

Si esto sigue así, ¿Qué harán las marcas? 

Bibliografía

Madrid, Carlos. 24/08/2020.Cuando las revistas culturales hicieron creer que todo era posible. The Objective. Recuperado de: https://theobjective.com/further/cuando-las-revistas-contraculturales-hicieron-creer-que-todo-era-posible. The Objective (2020)

Frank, Thomas. 1997. The conquest of cool. University of Chicago Press. Chicago. Recuperados de: https://press.uchicago.edu/Misc/Chicago/259919.html

Love on haight: The Grateful death and San Francisco 1967. 2014. Digital Exhibiton from University of California. Recuperado de: https://exhibits.library.ucsc.edu/exhibits/show/love-on-haight/death-of-hippie#:~:text=’%E2%80%9D&text=Death%20of%20Hippie%20was%20a,underground%20newspapers%20and%20hippie%20clothing

Robert Hazlitt. 2016. Bitcoin le dio nueva vida a la revolución cyberpunk. Diario BitCoin, recuperado de:https://www.diariobitcoin.com/articulos/opinion/bitcoin-le-dio-nueva-vida-a-la-revolucion-cyberpunk/

Riba, Pau. 2019. Dylan, un dios contracultural y underground. La Vanguardia. recuperado de: https://www.lavanguardia.com/cultura/20161014/41986819229/dylan-un-dios-contracultural-y-underground.html

Europa Press. Agosto 2019. Rocío Márquez asegura que en el flamenco «lo que antes era contracultura» ahora «ha pasado a ser cultura».Santander

recuperado de: https://www.europapress.es/cantabria/noticia-rocio-marquez-asegura-flamenco-antes-era-contracultura-ahora-pasado-ser-cultura-20190807161803.html)

Condé, Alice. 2019.  ‘Decadence and Popular Culture’. En Literature & Decadence. ed., Jane Desmarais and David Weir. Cambridge University Press.

Sachs, Jeffry K. 2019.  ‘The Sociology of Decadence’. En Literature & Decadence. ed., Jane Desmarais and David Weir. Cambridge University Press.



Sobre el autor:

Vicente Gallego es planificador estratégico independiente con background de agencia creativa. Cursa estudios en Antropología social y cultural, una disciplina que considera cada día más necesaria y que da sentido a la experiencia obtenida durante su carrera profesional.


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